El Monolito de Álvarez es uno de los monumentos con significación histórica nacional dentro del Partido de Moreno. Un homenaje del Gobierno Provincial a los caídos en los enfrentamientos bélicos del siglo XIX. Fue erigido en el año 1934, por iniciativa de Don Enrique Udaondo, director fundador del Museo Histórico de Luján. Originalmente se encontraba ubicado a la vera de la ruta nacional Nº5 (ex Nº7), a derecha de la mano a Luján, a la entrada a la ciudad de Francisco Álvarez pero, a fines de enero de 2008, un conductor de automóvil lo embistió destruyéndolo. Una vez restaurada su placa identificadora (lo único que pudo rescatarse), fue reconstruido en la mano contraria, a la misma altura, en el parque que se encuentra entre las vías del ferrocarril y la ruta. Debido razones que desconocemos, quienes se ocuparon de la construcción no respetaron las medidas figuradas en el plano del proyecto y el nuevo monolito, salvo por la placa, resultó de menor tamaño que el original. Sin embargo, publicamos aquí sus medidas y vista originales.
Son dos los enfrentamientos bélicos que recuerda la placa del monolito. Ambos ocurrieron durante el siglo XIX y están ligados a la historia nacional. Son hechos anteriores a la existencia del Partido de Moreno, cuando estas tierras aún pertenecían a Luján e integraban el Cuartel IV de ese Partido.
La recordación de ambos acontecimientos en un mismo monumento, siendo que a estos los separa un lapso de 23 años y que cada uno se desarrolló en un contexto histórico diferente, contribuyeron a crear cierta confusión sobre los mismos. También suelen ser confusas para los pobladores del Partido, la cuestión de la denominación y el ámbito geográfico donde se desarrollaron la Batalla de Puente Márquez (1829) y el Combate de los Campos de Álvarez (1852).
Batalla de Puente Márquez:
El 26 de Abril de 1829, se produjo la batalla entre Juan Lavalle por una parte y Juan Manuel de Rosas y Estanislao López por la otra. Recordemos que el 1º de diciembre del año anterior Lavalle, a cargo del ejército nacional que volvía de Brasil, se había sublevado contra el Gobernador Manuel Dorrego, a quien reemplazará en su cargo y fusilará el día 12 del mismo mes en Navarro.
Las consecuencias de este injusto fusilamiento implicaron un recrudecimiento de las hostilidades entre unitarios y federales. La Convención de Santa Fe, repudió la muerte de Dorrego definiéndola como un “crimen de alta traición contra el Estado” y le dio a Estanislao López el mando del ejército nacional con la recomendación de restablecer el orden interno.
A fines de marzo de 1829, Lavalle se trasladaba hacia Santa Fe para enfrentar a López pero estando cerca de Rosario se entera que, en Buenos Aires, Rosas había vencido a Rauch en Las Vizcacheras y éste último había muerto degollado a manos de Miranda. Esto y la disolución de la columna de Estomba, más al sur de nuestra provincia, aparentemente provocada porque Estomba perdió su sano juicio, lo deciden a regresar a defender Buenos Aires.
Su plan era interponerse entre los ejércitos de Rosas y López, para enfrentarlos separadamente antes de que pudieran reunirse. De lo contrario, tal como ocurrió, habría de enfrentarlos juntos. Lavalle tenía una absoluta confianza en sus tropas, especialmente en los veteranos que formaban los regimientos N°1 y 16 y el de Colorados, los denominados “coraceros” que habían combatido en la batalla de Ituzaingó durante la guerra contra Brasil.
Informado que en el puente de Márquez se hallaba una fuerte vanguardia federal, Lavalle franqueó el río De las Conchas en la madrugada del 26 de abril, en un punto situado 5 kilómetros aguas arriba: el conocido Paso del Rey, sorprendiendo la guardia enemiga que vigilaba el vado, rechazándola e introduciéndose en los campos de Álvarez ocupado por las fuerzas de López (considero un mito que en los campos de Álvarez se hayan producido combates tanto en 1829 como en 1852. En realidad la zona de Moreno centro y Paso del Rey, donde se llevaron a cabo estas acciones, estaban casi despobladas y toda la zona era denominada como campos de Álvarez porque esta era la estancia más importante y próxima y no existían alambrados ni límites físicos que la demarcaran a excepción de los cursos de agua).
Restablecidos los federales de la sorpresa inicial, no tardaron en tomar sus disposiciones para el combate: sobre la derecha estaban formados 2.000 jinetes, a las órdenes de Rosas; el flanco izquierdo al mando directo de Estanislao López, estaba constituido por unidades santafecinas, el contingente de Entre Ríos y las milicias de Luján y de Arrecifes. El Puente de Márquez era defendido por un cuerpo de caballería formado por 300 dragones santafecinos, a las órdenes de Pascual Echagüe. Lavalle, aprovechando la maniobra que lo había introducido en el mismo campo que ocupaba el cuerpo de López, resolvió aprovechar la sorpresa para comenzar el ataque. Desplegó su infantería y su artillería, dejando bajo su custodia los caballos de reserva, luego hizo lo mismo con la caballería y a las 6 de la mañana inició con sus regimientos varias cargas por escalones sobre el ala de López que no tuvieron un éxito decisivo a causa de la táctica llevada adelante por la caballería federal que rehuía el choque frontal para moverse sobre los flancos de los escuadrones unitarios. Todos los esfuerzos del general Lavalle para obtener un resultado favorable, se vieron frustrados. A medida que pasaban las horas los federales tomaban confianza dada la impotencia de los escuadrones veteranos de Lavalle en sus continuas e infructuosas cargas. Alrededor de las 10 hs, varios grupos de jinetes federales lograron pasar entre los cuadros de infantería de Lavalle que eran hostigados por la caballería. Como consecuencia de esto, lograron arrebatar la caballada de reserva unitaria. A las 4 de la tarde, Lavalle decidió emprender la retirada que se efectuó hacia el lado de Buenos Aires por el Puente de Márquez dejándolo inutilizado para dificultar la persecución, parando en los Tapiales de Altolaguirre. López resolvió que no era oportuno perseguir al adversario y además temía alguna acción del general Paz. Entonces López monta campamento en la margen izquierda del río en la Villa de Luján, mientras Rosas lo hacía en el Pino, sobre la línea del río de Las Conchas. En el campo de batalla quedaron unos 150 muertos que fueron enterrados en una fosa cercana al puente y quedaron desparramados numerosos pertrechos de guerra muchos de los cuales serán recolectados por habitantes de la zona y que, un año más tarde, Rosas reclamará.
El éxito de los federales se debió a la superioridad numérica y su táctica de desbordar los flancos del ejército enemigo, amenazando cortar su línea de retirada. Por su parte Lavalle, que había sorprendido de manera audaz a López en su propio campo, pero baso su táctica solamente en los ataques de su caballería, olvidando de utilizar a su también experta infantería de forma ofensiva, y no marginándola solamente a un papel de vigilancia de sus caballadas en la retaguardia.
El 4 de mayo el gobernador de Santa Fe, de acuerdo con Rosas, remitía a Lavalle una nota buscando un acuerdo con Buenos Aires, que es rechazada por éste. El 24 de junio se firmó el Pacto de Cañuelas entre Lavalle y Rosas en la estancia El Pino. Se establecía el cese de las hostilidades. Se resolvió realizar una elección de diputados con el fin de constituir una nueva Cámara de Representantes que elegirían nuevo gobernador al que ambos jefes se subordinarían. Luego de un corto período se inició el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas.
Combate de los Campos de Álvarez (1852)
El combate de los campos de Álvarez fue un acontecimiento previo a la gran batalla de Caseros, al desplazarse el Ejército Grande de Urquiza por estas tierras y la necesidad de Rosas de frenar su avance. El control del puente de Márquez era un punto estratégico. El río De las Conchas representaba último obstáculo natural en su camino hacia Buenos Aires. Urquiza llegó a Luján en la mañana del 29 de enero de 1852. El día 30 su vanguardia se hallaba en los campos de Álvarez, a poco más de dos leguas (unos 10 kilómetros) de algunas divisiones de la vanguardia de Rosas, situada en la margen izquierda del río de las Conchas (actual río Reconquista en Paso del Rey), cubriendo el puente de Márquez. Pacheco acababa de pasar este puente sin dar disposición alguna y tomó camino de su estancia del Talar. Al comunicar Lagos la aproximación del enemigo, Rosas le ordenó a Lagos que lo batiese, advirtiéndole que el general Pacheco, con fuerzas superiores defendería el puente de Márquez. Con su división y las de los coroneles Domingo Sosa y Ramón Bustos, Lagos reunió como 2.500 hombres. En la madrugada del 31 de enero formó tres columnas paralelas, cubrió su frente con algunos escuadrones ligeros y marchó al encuentro del enemigo. La vanguardia de Urquiza tomó posiciones prolongándose sobre la izquierda en la dirección que Hilario Lagos traía, y donde se colocó el general Juan Pablo López con su división; en el centro el coronel Galarza con las caballerías entrerrianas, y a derecha e izquierda de este último las divisiones de los coroneles Aguilar y Caraballo, formando un total de 5.000 hombres. Los mejores escuadrones de Buenos Aires chocaron con las aguerridas caballerías entrerrianas, y éstas vacilaron cuando Lagos en persona les llevó esas cargas que justo renombre le valieron en los ejércitos argentinos. Pero rehechas sobre algunos regimientos que López lanzó oportunamente, mientras él maniobraba de flanco con rapidez, pudo Lagos penetrarse de la desigualdad de la lucha cuando, al generalizarse el combate, se arremolinaron algunos de los escuadrones bisoños ante aquella masa de caballería que comenzaba a envolverlos. Entonces reunió sus mejores fuerzas, dio una brillante carga que contuvo al enemigo, y se retiró en orden sobre el puente de Márquez; perdiendo como 200 hombres, entre ellos el comandante Marcos Rubio y algunos oficiales, armas y caballos. Por supuesto, Pacheco nunca asistió en apoyo a Lagos como lo esperaba Rosas. Esto facilitó las cosas para Urquiza.
En la mañana del 1 de febrero todo el ejército aliado, compuesto por unos 52.000 hombres, se encontraba reunido en los campos de Álvarez. Lagos comunicó a Rosas esta novedad, y recién al caer la tarde éste le ordenó que, si el enemigo avanzaba para cruzara el río, se replegase al cuartel general, cosa que hizo Lagos ante el avance del Ejército Grande el 2 de febrero, rumbo a la Batalla final de Caseros del día 3. Durante su breve estadía en Moreno, Urquiza estableció su cuartel de campaña en las proximidades de la actual estación de Álvarez. Sin embargo, se comprende que el combate entre Lagos y la vanguardia de Urquiza debió haber sucedido en un punto intermedio entre esta localidad y el puente de Márquez.
Fuentes consultadas:
Bibliográficas (ver bibliografía de “Contribución al Conocimiento del Patrimonio de Moreno” del autor del presente artículo).
Fuentes Web más consultada: www.revisionistas.com.ar



Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderSuprimir