jueves 16 de septiembre de 2010

Sobre el rancho "Los Estribos" de Florencio Molina Campos

En 1934, según contaba la Sra. Elvira Ponce Aguirre de Molina Campos, ella y Florencio salen a pasear en automóvil y llega a Moreno. Más exactamente a la zona del recreo de Cascallares que ya por aquellos tiempos era un sitio de gran atracción turística. Allí el río De la Reconquista se volvía manso y profundo debido al dique o tajamar que había sido construido por el molino harinero de Podestá en el siglo XIX, cuyas instalaciones se encontraban en la margen de Merlo. Moreno aún es rural y ya era tradición que los porteños lo buscan para descanso de fin de semana y hasta para veranear. No eran ajenos a Don Florencio los campos de Moreno pues, en cercanías del pueblo, cerca de la actual esquina de las calles De la Vega y Urquiza, el abuelo de Florencio, don Manuel Salas, había levantado una hermosa casa de fin de semana conocida como el "Casco de Salas". Sin embargo, el matrimonio levanta su carpa de lona y acampa en Cascallares donde se quedan unos días. Don Florencio pinta en compañía de Elvirita. El lugar les agrada tanto que deciden comprar un terreno allí mismo, frente al río, a escasos metros del recreo. Florencio se da a la tarea de construir allí su cabaña. A través de un amigo, que trabajaba en una compañía telefónica, consigue una cantidad de troncos de palmera que será el principal material para levantar su “cawn-cabin” de estilo canadiense.
Nosotros hemos tenido la oportunidad de conversar con el artista y vecino Don Jorge Lascalea, quien nos manifestó que para la construcción de la cabaña, Molina Campos contrató a un carpintero de Moreno. Se trataba de un señor, Suchi quien trabajaba con sus dos hijos. Don Jorge Lascalea, quien por aquellos era amigo de los muchachos Suchi y participó en la construcción como ayudante. Éste nos ha brindado los detalle constructivos que damos a continuación: El rancho tenía una planta rectangular de aproximadamente 15 x 25 Mts. El piso era de ladrillos asentados en barro. Las paredes de troncos de palmera, asegurados con tarugos hechos con palos de escoba, para la colocación de los cuales perforaron los troncos con una mecha, mediante una agujereadora de mano que Don Jorge aún conserva.
El techo, contra lo que se ha dicho en algunas publicaciones, no era de paja sino de chapas de aluminio. Era a dos agua y en la juntura de éstas, en la cumbrera en el contrafrente, se construyó con ladrillos un hogar a leña con chimenea, la cual estaba adosada exteriormente (ver foto que adjunto. En la imagen, que fue obtenida del Archivo General de la Nación por la periodista Alicia Vicchio y publicada en su blog, puede observarse a Don Florencio posando, sentado detrás de la cabaña).
Se dice que en 1940 amplían estas construcciones con un edificio de dos plantas, cuya habitación superior poseía ventanas que le permitían visualizar los cuatro puntos cardinales y que ésa habitación constituyó su estudio.
En 1945 el rancho se incendia totalmente y es reemplazado por otro edificio de materiales más duraderos (ver fotos al pie). Las construcciones que hoy se distinguen en el predio, así como el embarcadero que puede verse en el río, fueron levantadas por los propietarios que adquieren las instalaciones en 1977. Estos pasan a denominar la propiedad como “El Gallo Rojo”. Tuvimos la oportunidad de conversar con la última dueña, la Sra. Nora Zuly Camps de Barretto, quien nos explicó su intención de construir un recreo que nunca funcionó como tal, lo cual explica la existencia del embarcadero, la línea de parrillas y otras construcciones realizadas en el parque.
Diez años después de su venta, en 1997, Elvirita volvió a visitar el lugar, esta vez invitada por Nora. A su regreso de la visita, Elvirita le dirige a aquella una carta que transcribimos parcialmente: Nora querida: "...Hace mucho frío. Recién he vuelto de la quinta, donde experimenté la sensación de que un abrazo cálido me envolvía; no sólo por el amor que recibí sino también porque en el hogar ardía, trémula y flameante una intensa lumbre. Nos sentamos cerca, una de la otra, y ambas del fuego y las confidencias comenzaron a surgir: Tú querías saber cosas que hubieran sucedido en la quinta y yo tenía tanto para contar que preferí indicarte que te obsequiaría un libro de mi autoría "Florencio Molina Campos en mi vida" y que acompañaré a esta carta; en él te relato muchas cosas.
Hablamos de plantas, de las acacias blancas que en ciertas épocas, como lágrimas, dejan caer gotas, por momentos tan copiosas como si fuera lluvia. Y me emocioné cuando me referiste que los pájaros, aún en días fríos en que las ramas se encuentran desnudas, se posan en ellas y al reflejarse en los vidrios espejados, picotean al otro pájaro, inexistente, pero real para ellos. Te conté del venerable muérdago oscuro, cuyas ramas tienen más de cinco metros de largo, fue plantado por el director del Jardín Botánico, quien exigió a Molina Campos, su amigo, la promesa de que lo debía conservar de por vida. Y me alegro, Nora, saber que en torno a su tronco harán una mesa y bancos, quedarán cerca de la pileta y se verá el jazmín amarillo que tiene forma de iglú y que por septiembre se cubrirá de flores. Y en primavera, como en una magnífica sonrisa todo será alegría. Risas en la pileta, color en el río con tus canoas desplazándose graciosas. Me satisface, Nora, que la quinta esté en tus manos y no, en otras. Tú, has respetado su estilo como si el espíritu de Florencio, influyera en ti y yo a la vez lamento y mucho, no haber hecho allí el museo; ¡Ese era el lugar adecuado!, pero me compensa en cierta forma y atenúa mi tristeza haber tenido la suerte de construirlo en la ciudad donde el acceso es posible y por consiguiente puede concurrir mucha gente para admirar su obra..."
En el año 2000, se aprobó la Ordenanza Nº 566, declarando Sitio de Interés Histórico al predio donde estuviera el rancho “Los Estribos” del pintor Florencio Molina Campos. Recientemente, la propiedad fue adquirida por la Municipalidad de Moreno. Hemos elaborado un ante proyecto para la reconstrucción de un rancho de troncos, un museo de sitio donde se expondrían elementos relativos a esta etapa de la vida de Don Florencia Molina Campos y de su esposa "Elvirita". Se trataría de luna reconstrucción de las condiciones originales de "Los Estribos" ya que, según puede observarse en las imágenes que siguen, para la época en que Elvira produce la venta de su propiedad de Cascallares, casi nada se conservaba ya de aquel rancho de la década de 1934.

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