martes 3 de noviembre de 2009

El Molino Harinero "Moreno".

   El río De la Reconquista proporcionó las condiciones necesarias para la instalación de molinos harineros que utilizaban energía hídrica durante el siglo XIX. Algunos continuaron funcionaron con este tipo de energía hasta principios del siglo XX pero no tardaron en reemplazarla por presión de vapor o electricidad. En el Museo Histórico Municipal de Moreno se conserva un motor a vapor fabricado en Hamburgo en 1888 que fue adoptado como fuente de energía alternativa, durante los períodos de seca, en el Molino Harinero Moreno.
Thomas Woodbine, en su libro Viaje al Plata en 1861, nos relata un viaje de Buenos Aires a Merlo, desde donde se trasladó hasta los molinos del río de las Conchas (antigua denominación del actual río De la Reconquista), ponderando las máquinas extranjeras que ellos poseían. Narra este recorrido realizado en el mes de septiembre de ese año en los siguientes términos: “Hicimos un delicioso paseo a caballo por las inmediaciones (Moreno) durante algunas horas, pasando por una hermosa casa de campo de la familia Alcorta, y visitamos lo que es considerado como una gran curiosidad en el campo; algunos franceses emprendedores han edificado un gran molino de harina al borde de un arroyo, y por medio de una represa en la corriente han obtenido una poderosa fuerza de agua que hace girar la rueda. El costo debe de haber sido grande. La maquinaria era de primer orden”.
Para esa época, también funcionaban otros Molinos en la zona. Ejemplos de ello son: El molino de Podestá (hoy lagos del Bosque del lado de Merlo), el molino de Languevín y Cía. (Paso de Morales) y también el molino de Cascallares.
J.C.Ocampo (1990) nos dice que Amancio Alcorta, dueño de la estancia del Paso del Rey, aceptó la oferta de dos franceses, para implantar a orillas del río de las Conchas, un molino harinero. El primero de ellos fue Víctor Davout, quien diseñara el puente ferroviario sobre el río De la Reconquista, el edificio de la primera estación de Moreno (demolida en 1872), y también realizara la subdivisión de las tierras de Amancio Alcorta aledañas a la estación. El otro francés fue Pascual Fournot, de larga experiencia en el ramo de la molienda y propietario de molinos como el de Luján y del Barrio de Constitución de Buenos Aires. Alcorta se asoció a ellos aportando a la Sociedad, un terreno de 200 varas frente al río por 250 de fondo, limitado por uno de sus lados con las tierras de Juan Rosalío Casco, hoy diagonal “La Industria”, de Paso del Rey.
Una gran ventaja de este molino –según comenta Halbach, en oportunidad del remate del molino en 1864, fue la de ser el primero en la zona y poseer “una caída de agua poderosa y el derecho de elevar el tajamar actual, hasta los mismos bordes del río, lo que hacia que en tiempo en que otros establecimientos análogos han estado parados, éste ha funcionado sin interrupción”.
Para evitar riesgos, los tres socios fundadores habían establecido que la sociedad funcionaría dos años más a partir del fallecimiento de uno de ellos, cláusula que se cumplió al morir Amancio Alcorta el 3 de mayo de 1862. De allí que se realizara el remate en 1864. El molino queda al fin en manos de Fournot al comprar los derechos de las otras dos partes, pasando posteriormente a Mateo Castaño, quien, desde 1868 a 1871, fue socio de su hermana Leonarda C. de Lebrero, en la explotación, bajo la firma de “Mateo Castaño y Cía.”, de un molino a vapor y panadería, ésta última instalada en la calle Florida 242 de la ciudad de Buenos Aires. En 1886 los herederos de Castaño vendieron el molino Moreno a Eduardo Zimmermann, proveniente de una familia de comerciantes locales. Más tarde, Zimmermann, intervino en la vida política de Moreno donde ocupó cargos de importancia. Fue síndico municipal en 1888 y Juez de Paz en 1891.
Fue Zimmermann quien dotó al Molino de un elemento de comunicación fundamental para su tráfico, como fue el recordado tranvía a caballo que uniera el molino con la estación de Moreno.
En 1886, vendió el molino a Bernardo Chihigaren quien queda como único propietario en 1892.
En 1901 Chihigaren vendió la mitad de sus derechos a su concuñado Salvador Levalle, su socio desde entonces hasta 1908, año en que quedó a su solo cargo.
Entonces, el último poseedor del Molino fue Bernardo Chihigaren, considerado luego como uno de los pioneros en la industria de la harina. Don Bernardo emigró a la Argentina y se convirtió en empresario de molinos harineros, llegando a poseer tres establecimientos ubicados en Bragado, Capital Federal y Moreno.
El Molino Moreno tuvo un grave incendio el viernes 8 de mayo de 1914, destruyendo los galpones y las existencias de trigo y harina depositados en sus almacenes. Pudieron salvar parte de las máquinas y del edificio. El origen del siniestro se atribuyó a las consecuencias de un rayo o un cortocircuito.
A esa desgracia se sumó la voladura del tajamar por manos anónimas y la prohibición oficial de reconstruirlo. El molino había llegado a su fin, pero Chihigaren conservó la casa quinta hasta 1917, cuando vendió las instalaciones del Molino a la firma Zóccola, González y De Miguel y Cía., quienes pensaban instalar una fábrica textil que comenzaría a funcionar a fines de ese año. La escritura de venta fue hecha en 1918 a favor de Tersillo Zóccola, Justo González, Isidoro de Miguel y Amadeo Regules; ese mismo año De Miguel vendió su parte a sus socios.
El tajamar del Molino Moreno fue una obra de ingeniería de gran solidez, construido conjuntamente con los edificios principales, alrededor de 1859 a 1860.
Según el agrimensor Adolfo Sourdeaux, en un informe de 1866, el tajamar se componía “de una muralla compacta con una compuerta cuyo piso se hallaba a un metro noventa centímetros”. Al serles concedidos a los fundadores la licencia de construcción, se les otorgó el privilegio de elevarlo de acuerdo con sus necesidades futuras. Formaba este tajamar un gran espejo de agua y por un canal de desviación, producía con gran fuerza una corriente que impulsaba las maquinarias.
Como comentáramos, el molino funcionó hasta principios de siglo en que su tajamar fue volado con explosivos por manos “anónimas”. Cuando su propietario quiso reconstruirlo, el Ministerio de obras Públicas de la Provincia se dirigió al intendente de Moreno, Emilio F. Gnecco, manifestando: “Habiéndose presentado a este Ministerio varios propietarios del partido de Moreno y ribereños sobre el Río de las Conchas, pidiendo autorización para destruir los restos de un tajamar del molino de propiedad del Señor Bernardino Chihigaren, me dirijo al Señor Intendente, pidiendo quiera hacer saber al mencionado Señor, que debe abstenerse de reconstruir el tajamar de su molino, sin correspondiente autorización del Poder Ejecutivo”. Al pie de esta nota, el Intendente Gnecco anotó: “Moreno, Febrero 26 de 1913. Sin prejuicio de la jurisdicción de la Municipalidad y sin reconocer al Ministerio lo que se atribuye sobre el asunto que motiva la presente comunicación, dése conocimiento de ella al interesado a los efectos que viese conveniente”.
Así mismo, al instalarse la fábrica textil “La Industria”, se intentó reconstruir el tajamar para el movimiento de las máquinas, pero no obtuvieron autorización.
Los restos de la muralla fueron utilizados en 1946 para rellenar la diagonal “La Industria”. Como prueba de su solidez, debieron utilizarse 40 kilos de dinamita para desmenuzar los grandes bloques.
El lago formado por el tajamar sirvió de diversión a las familias propietarias, en especial a la de Chihigaren y ocasionalmente a la de Alcorta. Un bote servía para dar cortos paseos y acceder al islote que se elevaba en su centro.
Del inventario para su remate, realizado luego del fallecimiento de Alcorta, se conoce que el molino estuvo dotado en la época de su fundación, además del citado y fundamental tajamar, de un gran galpón con cuatro pares de moledoras, cernidores, limpiadoras y todo lo necesario para el servicio de la maquinaria. Tenía además una casa habitación de material con cuatro piezas, horno, caballeriza y un palomar con cuarto en la parte inferior, un gallinero de madera y un corral del mismo material, con piso de ladrillos, para la crianza de cerdos.
A efectos de reunir más información, dado que los datos obtenidos hasta aquí resultaban insuficientes para definir con exactitud la disposición exacta del tajamar y demás características del molino, aprovechamos la oportunidad de los trabajos de canalización del río en 1998. Las obras favorecerían la búsqueda de vestigios del tajamar conservados in situ. En efecto, siguiendo los trabajos de excavación realizada por maquinaria a lo largo de un trayecto de cien metros, la pala chocó con los fundamentos y parte de los muros del tajamar que se encontraban totalmente sumergidos. Tales restos se disponían en la posición original, es decir atravesando el río, profundamente enclavados bajo del nivel actual del lecho. Con maquinaria pesada se extrajo con el mayor cuidado un tramo de 3 metros de largo por 1,20 metros de alto, por cuarenta y cinco centímetros de espesor que fue cargada en un camión y depositado en el parque del Museo “Amancio Alcorta” donde actualmente se expone.
Dicho muro consta, desde la base, de una capa de 0,30 mts., de cimientos, de una argamasa muy sólida constituida de cal, arena y tosquillas rodadas similares a las que arrastra el río en la actualidad. Los 0.90 mts. de altura restantes, fueron construidos con ladrillos, bien cocidos, dispuestos cruzados, angostos de 0,035 a 0.040 mts., 0,15 mts. de ancho por 0,28 metros de largo, muy característicos de las construcciones del siglo XIX en la zona. Los ladrillos se encuentran adheridos por una mezcla de mortero compuesta por los mismos materiales que la base aunque algo más fina.
A partir de la determinación de la ubicación exacta del tajamar pudo inferirse la posición donde quedaría dispuesto el inicio del canal al interior del molino, el cual se encuentra hacia el extremo sur de la actual fábrica textil. Posteriormente, hemos podido ingresar al sitio en compañía del actual propietario de las instalaciones, y en efecto, recorriendo el predio de la actual fábrica textil, a unos cincuenta metros de la barranca se distingue, algo colmado por materiales depositados por el tiempo, una depresión o cauce abandonado por las aguas que viene del río y va hasta el sector visiblemente más antiguo de edificios de la planta textil.
El hecho de que la embocadura del canal no se manifieste en la margen izquierda del río se comprende si se tienen en cuenta los procesos de cambio que deben haber ocurridos en la geografía del sitio a través de casi cien años desde que funcionara por última vez el molino harinero. Este sector del río sufrió decenas de inundaciones, obras para la contención de los desbordes, depositación de sedimentos y residuos provenientes del crecimiento de la ciudad y la instalación de varias industrias ubicadas aguas arriba.
La observación del interior de la construcción hacia la cual se dirige el canal, y que se encuentra absorbida por el conjunto de nuevas construcciones realizadas a lo largo del siglo XX, reveló bajo nivel del piso, a modo de fosa abierta, un sistema de drenaje de aguas que lo recorre y vestigios de piezas de madera y hierro que formaron parte del sistema de molienda. No se pudieron realizar hasta el momento mejores observaciones debido a que el recinto es hoy utilizado como depósito de materiales en desuso que impiden una buena visualización.
En cuanto al aspecto edilicio, y teniendo en cuenta la simultaneidad de las obras de construcción mencionada por Sourdeaux en 1866, existe completa concordancia de los materiales utilizados del edificio del molino con los observados en la construcción del tajamar. Ello permite inferir que dicha construcción de unos 200 M2, en su parte principal corresponde al edificio del molino harinero de 1859, luego modificado e integrado conjuntamente con otros edificios más modernos a la fábrica textil, incluyendo una chimenea de unos 35 Mts. de altura.
Del sistema observado y por comparación con los sistemas empleados en otros molinos de la época, se desprende que el aprovechamiento de la energía hidráulica del Molino Harinero Moreno consistía en elevar el nivel de las aguas por medio del tajamar, desviando el agua embalsada hacia el edificio del molino por medio de un canal artificial o chifle que, de acuerdo con el trabajo del Prof. Carlos Ramírez S. Valdivia. “El molino harinero artesanal” publicado en Chile en 2003, debía poseer una inclinación no menor a los 30º y así obtener que la energía hidráulica se transforme en suficiente energía cinética para producir el movimiento de rotación de los rodesnos en la turbina.
El rodesno es una pieza de madera dura con forma de hélice con paletas, atravesada en su centro por un eje vertical que transmite el movimiento giratorio a la piedra molar (el Molino Moreno poseía cuatro de estos juegos de molares). Bajo cada piedra molar móvil existía otra fija. La fuerza del agua era regulada por medio de una compuerta de madera que desvía el excedente de agua a través de otro canal denominado ladrón. Una vez utilizada el agua ésta regresaba río abajo del tajamar.
La importancia histórica de este elemento del Patrimonio excede el ámbito local y es de desear la urgente intervención de los gobiernos provincial y de la nacional con el fin de posibilitar su preservación. El hallazgo de restos del tajamar, in situ, y la confirmación de pervivencia de gran parte de la construcción original del Molino y sus instalaciones, nos alienta creer que aún estamos a tiempo.

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