domingo, 28 de octubre de 2012

Villa Zapiola. Síntesis Histórica



   Las tierras del actual barrio Villa Zapiola fueron escenario de importantes acontecimientos históricos desde la época colonial. Sin embargo, los trastos cerámicos e instrumentos de piedra hallados en las últimas décadas, demuestran que con anterioridad a la Conquista, Villa Zapiola  era territorio de los pueblos originarios pertenecientes a la gran nación querandí que fueron prácticamente exterminados por Don Pedro de Mendoza. Cuando la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires, el territorio fue repartido entre los españoles, siendo estas otorgadas por Don Juan de Garay, al Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón.
   Desde 1773, al construirse el Puente de Márquez, éste fue el paso obligatorio del tránsito por el Camino Real del Oeste que se dirigía a Chile, Bolivia con el fin de trasladar al puerto de Buenos Aires y luego hacia Europa las riquezas de las minas de Potosí. Por lo tanto era un punto de concentración y comunicación. Un portal al interior. Campo de batalla, posta, posada y pulpería en el antiguamente denominado “camino de Gauna o de Gaona”.
   Por aquí pasaron los principales personajes de la etapa colonial y aún más tarde cuando la Patria ya había nacido, se produjeron importantes acontecimientos. En 1810 la Primera Junta designó estas tierras y al puente de Márquez como punto de reunión para la formación del Ejército Expedicionario al alto Perú. Resulta asombroso que el General José Matías Zapiola, a las órdenes del General José de San Martín, tuviera aquí su vivac, en las tierras que doscientos años más tarde llevarían su nombre.
    El Camino del Oeste, que fue el más transitado de los que se dirigían al interior, partía por aquellos años de la plaza Mayor; luego de la Ranchería, (de los Jesuitas más tarde); partió luego, del Hueco de Lorea (hoy Plaza del Congreso) y después, del Hueco de las Salinas (Plaza Once). Salía por la calle La Plata (Rivadavia) y seguía por el Camino Real (Federación, en tiempos de Rosas, hoy Rivadavia). El camino se encontraba lleno de zanjas, pantanos y pozos. Más al oeste se encontraba la pulpería “El Caballito”, más allá Flores, Morón y el río de Las Conchas, (de la Reconquista de Buenos Aires a partir de 1954). El camino se cruzaba por el Puente de Márquez, donde había que pagar el derecho de pontazgo. En 1811 la concesión pertenecía a Don Francisco Antonio Herrero.
   Dado el mal estado del puente de Márquez, en 1815, el Director Supremo, Carlos María de Alvear comisionó al Maestro Mayor de Obras del Estado, para que realizare una inspección del mismo a efectos de que examine la posibilidad de mantenerlo para su uso, sin riesgo para el público y menciona, el mismo Alvear, que los vecinos del Puente solicitan el traslado del mismo al punto denominado Paso del Rey por cuanto es mayor la firmeza del piso y servirá para ahorrar camino. Sin embargo el puente fue refaccionado en el mismo lugar.

   El derecho de pontazgo fue eliminado por iniciativa del primer Juez de Paz de Moreno, Don Pedro Martínez Melo, a fines de la década de 1860. El camino  se extendía a la altura de la actual Gaona pero, al llegar a las inmediaciones del cementerio actual, torcía hasta aproximadamente el trazado de la ruta 7 y vías del ferrocarril donde, desde 1880, se encontraba ubicada la pulpería La Reja.

   Nuestra zona, por ser de paso obligado desde y hacia Buenos Aires, fue escenario de acontecimientos militares. El puente de Márquez constituía un punto estratégico que posibilitaba el cruce del río, a la artillería y los abastecimientos de las tropas. El general Juan Lavalle fue derrotado precisamente aquí por las fuerzas santafesinas de Estanislao López y las de Rosas, el 26 de abril de 1829, resolviéndose enseguida  llamar a elecciones para restaurar la Junta de Representantes. De ello surgió un gobierno interino hasta que Don Juan Manuel de Rosas fue electo gobernador, asumiendo el 8 de diciembre de 1829 y permaneciendo el mismo en el poder hasta 1852 cuando fue derrocado en Caseros, entonces jurisdicción de Morón y muy cerca del Puente de Márquez, lugar en que se combatió   para forzar el paso el 31 de enero de aquel año.
 El primer comercio en las actuales tierras de Villa Zapiola fue la pulpería del Puente de Márquez. Las pulperías fueron, además de lugares de abastecimiento, centros de juego, despacho de bebidas y, a veces, de disturbios, entre gente a la que en aquellos tiempos se las consideraba de mal vivir,  vagos y mal entretenidos.  En la Guía de los Hermanos Mulhall de 1863, dicen que, probablemente, uno de los lugares más famosos en el país era la pulpería que se encontraba en ese puente. A mediados del siglo XIX, la pulpería se encontraba en la cima de la gloria; siempre podía encontrarse un gaucho acodado en el mostrador de estaño, tocando la guitarra y cantando versos o décimas.
   Al inicio del siglo XX, existían en Moreno grandes extensiones de tierra disponible. Los inmigrantes europeos, mayormente franceses, españoles e italianos, componían más de 50% de la población de Moreno. Las antiguas estancias comenzaban a fraccionarse para la venta y arrendarse. Desde las vaquerías y luego la ganadería extensiva que constituyeron la base económica de esta región, los alrededores de Buenos Aires comienzan a poblarse de pequeños agricultores y granjeros. El mercado inmobiliario se expande debido a la cada vez mayor demanda de tierras para quintas en los alrededores de Buenos Aires.
   El día 12 de Agosto de 1912, con el remate de tierras realizado por el martillero José Alfredo Falbo quedó fundado el pueblo de Villa Zapiola, el primer barrio en el Partido de Moreno. Falbo compró tierras a orillas del Reconquista y frente a la avenida Gaona. Subdividió el campo en 247 quintas y lotes que ofrecía a la venta en ochenta mensualidades sin intereses. Quiso comunicar a los pueblos de Merlo y Moreno mediante una línea de tranvías a caballo que cruzaría el puente por él levantado y que aún lleva su nombre. La línea le fue concedida por el Honorable Concejo Deliberante de Moreno, pero no llegó a concretarse.
   En 1916 se reinstaló allí la Escuela Nº 2 que desde 1875 había funcionado en el centro de Moreno para prestar servicios educativos a los niños del lugar, ya que el pequeño pueblo se encontraba aislado. En 1923, Villa Zapiola contaba con 200 habitantes.
   En la década de 1930 tuvo su resurgir con el liderazgo del vecino y empresario de la construcción José María Cortés, quien se instaló en la Villa en 1927. Cortés  junto a otros vecinos de Zapiola y Sanguinetti, lograron que el doctor Mario J. del Carril abriera su propiedad para permitir a la Villa el acceso con la ruta 7, agradeciéndose dicho gesto con la imposición del nombre de Salvador María de Carril a dicha arteria, en memoria del padre y abuelo del donante y favorecedor del progreso de la zona.
   En 1934 se creó la Delegación Municipal nombrando el Int. Nemesio Álvarez a Caros J. Visconti su encargado. En 1935 se fundó el Club Social Villa Zapiola y en 1938 la Sociedad de Fomento y se habilitó la primera estafeta de correos. Durante la década de 1940 comienzan los remates masivos. Durante la administración del doctor Alberto Vera recuperó la Delegación Municipal a cargo de Carlos Martín y en 1959 el obispado de Morón creó la parroquia de la Inmaculada Concepción, con sede en ese lugar. El 24.5.1942 la firma Eduardo Sambrizzi y Cía. Remata 30 quintas ubicadas en Villa Zapiola.
   Con el paso de los años y quizás debido a su aislamiento, el pueblo así originado desarrolló una gran actividad fomentista. El núcleo de su población original, compuesta por veraneantes y familias de vascos de los tambos, dio lugar a la villa populosa, el establecimiento de industrias y el desarrollo del comercio. Herencia de los viejos tiempos son sus espacios verdes y sus arboledas. Ese ambiente de pueblo que sus habitantes se empeñan en conservar.

domingo, 8 de julio de 2012

Arqueología Histórica del Partido de Moreno


Desde 1986 hasta 1990, un grupo de jóvenes voluntarios que participaron en las actividades del Museo Municipal “Amancio Alcorta” de Moreno, trabajaron en la recolección de objetos que desde antiguo podían observar a simple vista, mezclados con la piedra partida que conforma el terraplén de las vías del ferrocarril D. F. Sarmiento, a lo largo de todo el Partido.  Entre ellos, Luis Hermann fue quien más se dedicó a esta actividad, formando una gran colección que, en parte, se encuentra depositada en el mencionado museo. Fragmentos de botellas, frascos, metales, utensilios de uso doméstico, mayólicas, cerámicas, etc., que en su mayor parte datan del siglo XIX.
Recientemente, contamos con el generoso aporte de la Licenciada Flavia Zorzi, antropóloga especializada en arqueología urbana (UBA), quien realizó una somera clasificación de una parte de estos materiales y a quien quedamos muy agradecidos por su colaboración. A continuación damos el resultado de ese breve informe sobre una pequeña parte del material, a modo de ejemplo, que seguramente despertará la curiosidad de aquellos interesados en la historia arqueológica de nuestros pueblos y revela que todavía hay muchos elementos de gran significado en nuestro patrimonio aún sin estudiar y un largo camino por recorrer en materia de investigación. Los acontecimientos históricos dejan pruebas físicas y la Arqueología puede contribuir a revelar la verdad sobre ellos.
Breve informe de identificación de sellos observados en el material recuperado en el terraplén del ferrocarril (Moreno, pcia. De Buenos Aires):

C.032
   sello original
Se trata de una base de recipiente (posiblemente una sopera) de loza blanca tipo Whiteware, sellado en su parte inferior en tinta negra. El sello representa el escudo de la corona Belga (un león rampante dentro del escudo y una corona en la parte superior, externa al escudo). Por encima del escudo se lee “Boch Fes la Louviere” y por debajo del mismo “Made in Belgium”.
La fábrica de los hermanos (Fréres, abreviado Fes) Victor y Eugene Boch fue fundada en la Louviere, Bélgica en 1841. Hacia 1920, la fábrica detuvo su producción, aunque se continuaron fabricando algunas piezas de loza impresa, marcadas con un sello en bajo relieve, con las palabras “Made in Belgium Boch Fes La Louviere Fabrication Belge” dentro de un círculo, que se superpone sobre hojas estilizadas. La producción se retomó en 1969, cuando la fábrica compró el sello Royal Sphinx, y continuó (con algunos cambios de nombres) hasta 1998.
A partir de la información anterior, se establece para esta pieza una cronología entre 1841 y 1920.

C. 033
Sello real
Se trata de un fragmento de base de recipiente de loza tipo Whiteware, que es su cara externa presenta un sello en tinta negra. En dicho sello se lee: P. Regout & Co. Ironstone ware Maastricht en un círculo y “Ironstone ware” en otro círculo interno. Al exterior de los dos círculos se observan laureles a los lados, cintas en la parte inferior y un águila, que coincide con el escudo de armas de la ciudad de Maastricht, en la parte superior.
La firma de Petrous Regout fue fundada en la ciudad holandesa de Maastricht en 1834, en un primer momento como productora de vidrio y cristal. En 1836 la compañía se expandió para
incorporar la firma De Sphinx Pottery y emprender la producción de loza al estilo inglés, con decoración monócroma (azul, negra, violeta o roja) impresa por transferencia, por lo general representando escenas y motivos románticos.
En 1878, Petrous muere y la producción es continuada por sus hijos, quienes incorporan la marca de fábrica de Sphinx, una esfinge sentada sobre una caja en la que se lee el nombre de la empresa. En 1899 la compañía cambia directamente su nombre al de Sphinx.
Los datos anteriores sitúan esta pieza entre 1836 y 1878.

C.043
Sello real    (Otra variante completa de este sello)
Base de taza de loza tipo whiteware, sellado P. REGOUT &C, MAASTRICHT. Se trata de la misma firma del sello anterior, pero posterior a 1878 y anterior a 1899.
C.049
 Sello real
Base de recipiente tipo taza o cuenco, decorado en su cara interna con un diseño monócromo en azul sobre blanco, representando una mariposa y diseños fitomorfos. En la cara externa presenta un sello de tendencia circular con un león rampante, por encima del cual dice “MADE IN HOLLAND” y “Societé Ceramique”. Por debajo del león se lee Maastricht y luego PAPILLON.
La fábrica fue fundada en 1851 por Winand Nicolaas Clermont y Charles Chainaye en el barrio de Wijck, Maastricht. En 1863 tomó el nombre de Societe Ceramique y fue el mayor competidor de la firma de Regout.
La pieza sería entonces posterior a 1863, aunque no se logró establecer un límite superior para este marco cronológico.





C. 034 y C.035
Sello real
También en este caso se trata de una base de recipiente de loza Whiteware tipo sopera sellada “Societé ceramique, Maastricht”. El sello es muy similar al de la pieza C.049, con el león de Holanda al centro, aunque en este caso no figura la expresión “Made in Holland”, por lo que suponemos que esta pieza podría ser anterior a la C.049.




C.036 
Sello original                                                                    Sello completo. 
Base de recipiente de loza tipo Whiteware, posiblemente una bacinilla o sopera. En su cara externa presenta el sello de la firma J&G Meakin. El sello corresponde a la compañía originalmente establecida por James Meakin en Hanley, Stoke on Trent (Staffordshire, Inglaterra). En 1851, muerto James Meakin, la compañía pasa a manos de dos de sus hijos, James y George (J&G), quienes comienzan a usar sus propias iniciales como marca de fábrica. El sello del fragmento C.036 es parcial, pero por la forma “moderna” del escudo de armas del Reino Unido, sabemos que es posterior a 1890. Sabemos también que es previo a 1907, ya que en esa fecha el sello cambia nuevamente en modo radical.

C.038
   Sello original
 Otro sello completo algo diferente, pero de la misma firma y con el mismo escudo.
Base de recipiente de loza tipo Whiteware, posiblemente una bacinilla o sopera. En su cara externa presenta el sello de la firma Cochran & Co., de Glasgow, Escocia. La firma fue fundada por Robert Cochran en 1856. En 1869, su hijo Alexander continúa con la fábrica luego de la muerte del padre. En 1896 se asocia con J. Arnold Fleming y la firma pasa a llamarse Cochran and Flemins (C&F). La marca Britannia fue usada por Robert Cochran en los primeros años y en 1920 la firma tomó el nombre de Britannia Pottery. Este fragmento, entonces, ha sido producido en algún momento entre 1856 y 1896. El escudo representado en el sello es, al igual que en caso de la firma J & G Meakin, el escudo de Gran Bretaña.

C.040
Base de taza de loza Whiteware con un sello en el que se lee Ironstone China. Established 1820. Unicorn Works. Longport. Th Co Hughes & son Ltd England.
Thomas Hughes estableció su fábrica por primera vez en 1820 como la Waterloo Road Works en Longport (Staffordshire, Inglaterra) Él y sus sucesores fabricaron cerámica hasta 1856. De 1856 a 1881, Thomas Hughes (nieto del original) continuó los trabajos. Posiblemente en 1895 toma la firma Unicorn Works. La inclusión de la palabra Limited fecharía este sello en un momento posterior a c. 1910. El sello sería a su vez previo a 1930, ya que en esa fecha el sello cambió y se agregó además la expresión Trade Mark.
En cuanto al escudo, representa dos dracoleones o gárgolas (muy usadas en Heráldica) rodeando un óvalo central. Posiblemente se trate de la cota de armas de Longport o una modificación del escudo de Staffordshire, pero aún no se ha identificado positivamente.

C.048
   Sello real
Fragmento de base de plato, posiblemente de porcelana francesa Limoge, con sello circular. En la parte superior, el sello presenta una inscripción parcial que, en base a registros previos, asignamos a “Bazar Colón”. En el centro del sello figura la inscripción “Calle de la Piedad” y en la parte inferior la inscripción “Buenos Ayres”.
La antigua Calle de la Piedad corresponde a la actual Bartolomé Mitre.
En trabajos arqueológicos previos en la ciudad de La Plata (Giovanetti y Lema) se recuperó un sello similar con la dirección “Calle de la piedad 145-149”.
El Bazar Colón fue fundado en 1873 por los italianos Treina y Cozzi y era uno de los principales expendios de productos importados, incluyendo juguetes, cristalería, productos de bazar, etc.

C.053 
Sello real completo
Fragmento de base de recipiente indeterminado de loza whiteware, con el sello “Royal Ironstone” por encima del escudo de armas del Reino Unido.
Esta fábrica fue iniciada en 1883 en Hanley, Stoke on Trent, por los hermanos Johnson (nietos de Meakin) y posteriormente tuvo varias plantas tanto en Inglaterra como en Canadá, Estados Unidos y Australia. Por el diseño que muestra el sello, situamos este fragmento entre 1883 y 1913.


C.041
Fragmento de botella de gres marrón, de sección circular con inscripción parcial en bajo relieve. La inscripción dice: “….ERAL/…AN JORGE/ …ORIENTAL” y posiblemente corresponda a “Agua mineral San Jorge, República Oriental”. 
No se halló más información sobre esta inscripción y no tiene registros arqueológicos previos en Buenos Aires, pero suponemos, con base en otros hallazgos de botellas de gres, que se trata de un objeto producido entre fines del siglo XIX y principios del XX.


martes, 27 de marzo de 2012

Orígenes Históricos del Hospital "Mariano y Luciano de la Vega". Discurso del autor en los actos del Centenario del Hospital.

   Cuando don Pedro de Mendoza llega a estas tierras y funda por primera vez Buenos Aires, trae a su médico personal, Hernando de Zamora. Sin embargo, parece que en esa época ser cirujano no era garantía de nada. Había en Europa Doctores recibidos en prestigiosas universidades pero no era este el caso de los primeros cirujanos que vinieron a estas tierras. Mendoza le promete a Zamora fama y fortuna, pero como Zamora no se decide, le ofrece además, como honorarios, 50.000 maravedíes. Sin embargo, no hubo ni lo uno ni lo otro y el pobre Dr. Zamora se pasó años reclamando su dinero porque Mendoza, habiendo fracasado en su expedición, pierde su fortuna y enfermo de sífilis, muere en su viaje de regreso a España.
En nuevas expediciones también hubo otros médicos como Blas de Testanova y Sebastián León, aunque no queda claro si éstos vinieron a ejercer el arte de curar o llegaron en busca de aventuras. Existen sí testimonios de sus quejas por la miseria que pasaban. Habrán pensado, como tantos otros, que harían fortuna con el oro y la plata que abundaría en la América.  Pero esta no era la realidad del Río de la Plata y, los médicos así como sus pacientes, debían tomar la azada y el arcabuz para sobrevivir, mientras hacían uno que otro sangrado y ponían unas que otras ventosas. Es de creer que, no bien llegados a estas tierras, tomaran conciencia de que el viaje a América eran un desafío en el que muchas veces se perdía la vida.
Cuando la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires, llama la atención que Don Juan de Garay, no hubiera traído algún licenciado, cirujano o sangrador, cuanto menos civil o religioso, ya que algunos misioneros ejercían la medicina con verdadero acierto. Tampoco hubo sacerdote alguno destinado a la nueva población. Nació pues la ciudad de Buenos Aires, sin tener médico, boticario, ni cura, que era una trinidad infaltable en todo pueblo de habla hispana.
Las Leyes de Indias del 7 de Octubre de 1541 establecían la fundación de hospitales en todos los pueblos de españoles e indios. Decía la ley: “Encargamos y mandamos a nuestros Virreyes, Audiencias y Gobernadores, que con especial cuidado provean, que en todos los pueblos de Españoles e Indios de provincias y jurisdicciones, se funden hospitales donde sean curados los pobres enfermos, y se ejercite la caridad cristiana...”. Aunque Don Juan de Garay no trae médicos, al trazar la ciudad en manzanas elige una para un futuro hospital. Este hospital sería regido por administradores nombrados por el Cabildo. A pesar de que las órdenes para construir hospitales provenían de la Corona, los responsables económicos de su construcción y mantenimiento eran los mismos pobladores a través de su órgano de gobierno o sea el Cabildo.

   El primer Hospital de Buenos Aires se fundó en 1614 y fue denominado de San Martín de Tours. Se encontraba situado en el cruce de las actuales calles México y Defensa. Sin embargo, los españoles, preferían ser atendidos en sus casas y el Cabildo contrata como cirujano a Manuel Álvarez.
   En realidad, en aquellos tiempos el hospital estaba pensado solamente para hombres. Como un hospicio para la estadía de soldados heridos o enfermos que carecían de sustento y, en todo caso, albergaba personas extrañas a la ciudad o al menos a las que los porteños no consideraban como formando parte del mismo vecindario. Aquel humilde establecimiento, el primero con que contó Buenos Aires, poseía capilla y cementerio contiguos. Hacia 1726 su descrédito era tal que, como lo señaló un funcionario de la época, que muchas personas se resignaban a arriesgar padecer fuera, lo que ciertamente padecerían dentro. Inicialmente, el Rey había confiado su cuidado a los religiosos de la orden de San Juan de Dios, pero éstos lo abandonaron y las autoridades resolvieron ponerlo a cargo de los padres betlemitas que gozaban de gran prestigio por su ejemplar dedicación al cuidado de los enfermos. La llegada de estos frailes, a quienes se les conocía también con el nombre de “barbones”, debido a las largas barbas que portaban, demoró varios años ya que provenían de Lima y Potosí. Finalmente, en 1748, los betlemitas se hicieron cargo del hospital. Luego de una rápida inspección, reclamaron a las autoridades la refacción del ruinoso edificio y la necesidad de habilitar unas 200 camas.
   A partir de entonces hubo un notorio avance en la atención hospitalaria de Buenos Aires. Este progreso se vio reforzado con la creación, en 1776, de un Hospital de Mujeres, obra que llevó a cabo el religioso José González Islas, quien construyó y amuebló para tal fin y de su propio peculio una sala junto a la entonces capilla de San Miguel donde también funcionaba un Colegio de Huérfanas. Más tarde, por iniciativa del Cabildo, el hospital de San Martín se mudó al amplio edificio vacante de la antigua “Residencia” de los jesuitas que ya habían sido expulsados. Debido a estas mejoras en la atención de la salud en la ciudad de Buenos Aires, la segunda mitad del siglo XVIII, fue un período de relativa calma en lo que respecta a las tradicionales y mortíferas epidemias.
Sin embargo, no ocurrió lo mismo en la campaña bonaerense. Desde la llegada de Garay las tierras del actual partido de Moreno habían pertenecido a la jurisdicción del Cabildo de Buenos Aires. Pero en el año 1755 había sido creado el cabildo de Luján y pasaron a formar el cuartel 4º de esa villa. En 1778 se desata aquí, una violenta epidemia de viruela que no afectó a la ciudad pero azoló a todos los pueblos de los alrededores de Buenos Aires y duró hasta el año siguiente. Sus terribles consecuencias aceleraron adopción de una medida trascendental para la historia de la medicina: la creación del Protomedicato que fue un tribunal encargado de combatir la práctica de la medicina ilegal, convalidar los títulos y vigilar la práctica de la profesión médica. Esta institución dio impulso al progreso de las ciencias médicas en Buenos Aires dando origen, en 1800, a las Cátedras de Medicina y Cirugía según los planes de estudio propuestos por O’Gorman. No obstante estos adelantos, en la campaña bonaerense y en especial en nuestra jurisdicción la situación se mantendrá en las mismas precarias condiciones. Durante todo el siglo XIX la atención médica fue realizada por medio de las boticas y médicos residentes en los pueblos, cuando no por curanderos que estaban muy difundidos. En la etapa inmediatamente anterior a la creación del partido de Mariano Moreno el profesional de la salud más destacado en estas tierras fue el Dr. Francisco Javier Muñiz. Nacido en Monte Grande en 1795, a la edad de 12 años durante las invasiones inglesas, se alistó como cadete en el cuerpo de andaluces y fue herido de bala en las calles de la ciudad, en la heroica defensa de 1807.
Una vez curado, se dedicó a sus estudios bajo la dirección del canónigo José León Benegas, que fue uno de los doce ciudadanos que formaron en 1812 la Sociedad Patriótica Literaria. Su influencia lo llevó a incorporarse a la fracción liberal y renovadora de la Revolución de Mayo que lideraba Mariano Moreno. Con 17 años se consagró a la causa pública y, con las ideas de Benegas, Muñiz redactó el célebre manifiesto en el que se invitaba a las provincias integrantes del Virreinato a declararse independientes del gobierno metropolitano.
Inscripto en el Instituto Médico Militar, tuvo como maestros a Cosme Argerich, Francisco de Paula Rivero y Agustí­n E. Fabre. Recibió su diploma de médico en 1821 y fue designado médico segundo en la guarnición de Patagones.
   En 1825, el general Soler lo designó médico cirujano del cantón de Chascomús y allí, además de realizar sus primeros hallazgos paleontológicos, comenzó sus estudios sobre la vacuna antivariólica.
Cuando en 1826 estalló la guerra con Brasil fue médico y cirujano principal, con el grado de teniente coronel, participando en la batalla de Ituzaingó. El año siguiente se retiró de la Sanidad Militar y se dedicó a las cátedras de partos y de medicina legal. Contrajo enlace con la Srta. Ramona Bastarte y poco después se instaló en estas tierras de Luján como médico de policí­a, cirujano del Regimiento 2 de Caballerí­a y encargado de administrar la vacuna en este Departamento. Asistió a los enfermos militares y a los pobres de nuestra tierra, muchas veces costeando de su peculio las medicinas necesarias. También Muñiz solía fabricar los medicamentos e inventaba algunas fórmulas farmacéuticas.  Entre 1830 y 1840 vivió en una casa vecina al Cabildo, que aún se conserva y aloja al Museo Histórico de Luján.
   En septiembre de 1841, Muñiz encuentra síntomas de viruela en una vaca de una estancia de Luján, hallazgo que comunicó rápidamente y le permitió difundir la vacuna en estas regiones.
Llegado a los 50 años de edad recibe el grado de Doctor y vuelve a Buenos Aires donde se instala con su familia. En esa época fue premiado con la medalla Berzelius y nombrado Caballero de la Orden de Wasa por el Rey Carlos de Suecia y Noruega. Además, mantiene una nutrida e ininterrumpida correspondencia con Darwin, que estaba muy interesado en sus trabajos. Los estudios de Muñiz sobre la escarlatina, por ejemplo, fueron presentados por Darwin en el Real Cuerpo Médico de Cirujanos de Londres. En 1855 Muñiz fue Presidente de la Facultad de Medicina.
   El 23 de octubre de 1859, en la batalla de Cepeda, atiende a los soldados heridos de ambas vanguardias. Mientras cumplí­a su tarea recibe un lanzazo que lo hiere de gravedad. En 1861, ya repuesto vuelve a la lucha. Es nombrado Jefe de ambulancias y Senador por la Capital.
Cuando estalló la guerra del Paraguay, con 70 años, se alista junto con sus hijos y es nombrado único director de los hospitales instalados en Corrientes.
   Muñiz difundió estudios sobre la vacuna indí­gena, sobre medicina legal, sobre paleontologí­a argentina, vocabularios y americanismos, entre otras obras eruditas. Todas fueron debidamente elogiados por los hombres de ciencia argentinos y extranjeros.
Como médico llevó su auxilio a todas las partes que lo requiriesen. Como cientí­fico publicó innumerables trabajos como lo prueba su constante correspondencia con Carlos Darwin, Aimé Bonpland y Burmeister.
Como coronación de su vida y llevado por su amor al deber y a la humanidad, murió como  en medio del flagelo de la fiebre amarilla. Muñiz se encontraba descansando en su quinta de Morón, alejado del mal, y decidió volver a Buenos Aires a ocupar su puesto. Atendió solí­citamente a centenares de enfermos, contrajo la enfermedad, y falleció el 8 de abril de 1871.
  Los primeros años del Partido de Moreno, creado en 1864, fueron difíciles en cuanto a la salud de su población. En 1867 se declara la epidemia de Cólera y en 1872 la de fiebre amarilla. Su primer médico, el Dr. José Giordanelli murió al contagiarse por causa del Cólera el 12 de enero de 1868 junto a su padre Lorenzo y a su hijito José. La primera partida de policía compuesta por 6 hombres a las órdenes del primer intendente Don Pedro Martínez Melo se ocupaba de recoger a los muertos de casa en casa. Los subían a un chatón tirado por caballos y les daban sepultura en fosas comunes ya que el pequeño cementerio de entonces fue colmado rápidamente. Los inmigrantes europeos llegaban en masa a poblar y los médicos escaseaban. Hacia el fin del siglo XIX, las Sociedades de Socorros Mutuos de inmigrantes franceses, españoles e italianos se formaron esencialmente para salvar esta situación.
   En 1895 es creado el Servicio Médico Permanente para pobres que funcionaba en la Municipalidad, con un único médico que no podía ausentarse por más de 24 horas del pueblo con aviso.
   Desde la creación del Partido y hasta el año 1912, actuaron como médicos municipales el Dr. José Giordanelli, Dr. Evaristo Pineda, Dr. Juan Giordanelli, Dr. Juan José Camelino, Dr. Nicanor Reynal, Dr. Manuel Ovejero, Dr. Agustín Risso Patrón, Dr. Luis Turano. Dr. José Guitart Serra, Dr. Miguel A. Figueroa, Dr. Vicente Lanza, Dr. Emilio Besio y Almeida, Dr. Eduardo Corsi, y actuaron médicos particulares como: José María Casullo y Alejandro Díaz Franco. En 1899 varios vecinos solicitaron se  autorice  a María Arizpe a actuar como  partera y en 1900  comenzó a atender  la partera diplomada Doña Eugenia Ottone de Asconapé, quien lo hizo ejemplarmente hasta su muerte en 1936.
   Mariano De la Vega, de profesión procurador,  tuvo gran actividad en nuestro Partido. Fue vecino y amigo del 1º intendente, Don Pedro Martínez Melo y albacea de éste al fallecer Don Pedro a los 31 años, en 1871, de fiebre amarilla, quedando Mariano De la Vega a cargo de sus hijos hasta la mayoría de edad y alquilando la casa de Don Pedro a la Municipalidad para establecimiento de la escuela Nº4. Sus negocios en diferentes rubros le proveyeron a él y a su hermano Luciano de una considerable fortuna. Mariano participó en la formación de la 1º sociedad de fomento, fue presidente del Consejo Escolar y miembro del H.C.D.
   Los hermanos Mariano y Luciano De la Vega fueron testigos del flagelo de las epidemias que se llevaron a muchos de sus amigos y vecinos en la segunda mitad del siglo XIX y de las precarias condiciones en que se desarrollaba la atención médica de Moreno, especialmente en los sectores de bajos recursos. Sin contar con herederos, ambos hermanos deciden legar sus propiedades y ahorros para la construcción de un hospital que debería ser entregado a la Municipalidad. Mariano fallece el 3 de noviembre de 1903 deja expreso en la cláusula undécima de su testamento que, una vez fallecido su hermano Luciano, sus propiedades en Moreno serían vendidas en remate público y con el producto deberá ser construido un Hospital de Caridad, el que llevará su nombre. Luciano De La Vega fallece al año siguiente, el 23 de setiembre de 1904 y completa la donación. 
   Desde ese momento comenzará la destacada actuación del albacea testamentario Don Eusebio E. Giménez. En el documento de entrega del hospital a la Municipalidad el mismo nos ha dejado un completo testimonio de los trabajos realizados para hacer realidad la voluntad de  los donantes. Con relación a la donación de los hermanos de la Vega, nos dice: “las vinculaciones de. Don Mariano de la Vega con la Comuna de Moreno, donde tenia intereses de importancia y numerosas relaciones: determinó en su mente, la idea gene­rosa de construir en ella, un hospital que sirviese de alivio a las clases menesterosas.
Con tal motivo dispuso en su testamento, que la casa situada en esta localidad, calles Alcorta y Martínez Melo, mientras viviese su hermano Don Luciano de la Vega, se destinase á una escuela, y que una vez ocurrido el falleci­ento de este, con el producto de la venta de la casa calle Victorica 1464 y 1468 y la mitad proindivisa que le correspondía en las casas calle Uruguay 338 de la ciudad de Buenos Aires, se construyera en ella el hospital mencionado.
La escuela y hospital debían llevar su nombre, y designándome, también su albacea, en atención a la antigua y sincera amistad que nos ligaba.
La escuela no se pudo instalar porque el Consejo de Educación renunció al legado. Mientras se liquidaba la testamentaria, Don Luciano de la Vega, formuló su testamento con el propósito de completar el legado de su hermano, pero precisando las bases en que debía llevarse a cabo, diciendo al respecto en la cláusula tercera: “Que habiendo su hermano Don Mariano de la Vega, donado la casa que poseía en Moreno, partido del mismo nombre, provincia de Buenos Aires haciendo esquina al Boulevard Alcorta y Martínez Melo, para que se construyera en el terreno que ocupa, un hospital de caridad, destinado al efecto el producto de la venta de la casa que poseía en la calle Victorica 1464 y 1467, y el de la mitad de las casas Uruguay 338, 346 y 348, era su voluntad que se emplease también en esa construcción, el producto de la casa que tenía en la calle Victorica números 1460 y 1462 y la mitad que le correspondía de la casa calle Uruguay mencionada.
En cuanto a los demás bienes que dejaba, salvo el legado que hacía al Convento de San Francisco, de diez mil pesos moneda nacional, se destinaría al sostenimiento del hospital, el que debía llevar también su nombre, vinculándose así también al de su hermano, con quien vivió siempre en la más perfecta armonía, habiéndolo determinado esto a secundar sus nobles propósitos.”


   Así mismo, relata Giménez que enseguida de iniciada la testamentaria, hubo de enfrentar un juicio de supuestos herederos que pedían la nulidad del testamento, diciendo que Luciano del a Vega estaba loco cuando lo otorgó. Una vez terminado este juicio, con resultado favorable al Legado, Giménez designa como asesores científicos a los reputados facultativos Doctores Julio Mendez y Nicolás Repetto, el primero como clínico y el segundo como cirujano, a fin de determinar el lugar de construcción del hospital, ya que los terrenos destinados por Mariano de la Vega (ubicados frente a la calle Martínez Melo esq. Bvard. Alcorta) no le parecían adecuados. En el informe presentado por los profesionales, estos concluyen lo siguiente: “... consideramos que el terreno legado pon el Señor Mariano de la Vega, no reúne las condiciones de extensión y ubicación necesaria para construir el hospital que se proyecta. Se impone la com­pra de un terreno con una superficie mínima de una hectárea, ubicado de tal manera, que su distancia de ocho a diez cuadras de la estación de ferrocarril, reúna las condiciones de altura, excentricidad, etc. necesaria para esa clase de establecimientos. Dada la topografía de la localidad que se caracteriza por la existencia de una ancha y profunda depresión del terreno, que se inicia a menos de dos cuadras al Sur de la vía férrea, convendría ubicar el hospital al norte de dicha vía, donde el terreno se eleva en pendiente suave y donde la protección contra los vientos es mayor, por la mayor abundancia de árboles.
Si bien es ciento que el viento Norte sopla con al­guna frecuencia en la región considerada, la población de Moreno, nada tendría que temer si se construyese el hospital al Norte de la vía férrea Los hospitales modernos lejos de constituir focos de infección y pestilencia, como lo fueron otrora, se consideran y son en la actua­lidad establecimientos saludables, compatibles con las más estricta higiene urbana. Saludamos a V. muy atte.”

La piedra fundamental fue colocada el 25 de Marzo de 1909, y al comenzar a funcionar luego de su inauguración tres años más tarde, el edificio contaba con dos pabellones de enfermedades comunes, uno de operaciones, uno de administración y el correspondiente a la cocina.
Según el primer libro de guardia, conservado en el Museo Alcorta,  el primer paciente tratado en el nosocomio fue el Sr. Pedro Ordoquin de 25 años de edad, soltero, inmigrante vasco francés de ocupación carrero, quien fue atendido por una herida contusa el día 14 de Abril de 1912, uno de los 413 casos tratados ese año. Así inicia el Hospital su labor incansable a lo largo de sus 100 años de existencia al servicio de la población.
   El Hospital Municipal de Moreno fue inaugurado el día 31 de Marzo del año 1912. Aquel día también fue inaugurado el Palacio Municipal (edificio del actual salón de reuniones del H.C.D), cuya ceremonia se realizó primero, y desde allí partió hacia el hospital la comitiva, a pié, acompañados por la música de una banda y gran cantidad de público.
   Fueron padrinos del acto el Gobernador de la Provincia, Don José Inocencio Arias, quien fue representado por el Fiscal de Gobierno don Manuel Gnecco. El edificio fue bendecido por el Obispo de Jasso, Monseñor doctor Gregorio Romero.
   Según consta en el primer libro de guardia, conservado en el Museo Alcorta, el primer paciente tratado en el nosocomio fue el Sr. Pedro Ordoquin de 25 años de edad, soltero, inmigrante vasco francés de ocupación carrero, quien fue atendido por una herida contusa el día 14 de Abril de 1912, uno de los 413 casos tratados ese año. Así inicia el Hospital su labor incansable a lo largo de sus 100 años de existencia al servicio de la población.

lunes, 26 de marzo de 2012

Entrega del Hospital "Mariano y Luciano De La Vega" por el albacea testamentario Don Eusebio Giménez 31 de marzo de 1912



ENTREGA DEL HOSPITAL


“Mariano y Luciano de la Vega”

INAUGURADO EL 24 DE MARZO DE 1912
(Finalmente fue inaugurado el 31 de marzo de 1912)






(discurso inaugural publicado)

Por EL ALBACEA TESTAMENTARIO DE LOS HERMANOS MARIANO Y LUCIANO DE LA VEGA



EUSEBIO E. GIMENEZ



Señoras y Señores:


Las vinculaciones de. Don Mariano de la Vega con la Comuna de Moreno, donde tenia intereses de importancia y numerosas relaciones: determinó en su mente, la idea gene­rosa de construir en ella, un hospital que sirviese de alivio a las clases menesterosas.

Con tal motivo dispuso en su testamento, que la casa situada en esta localidad, calles Alcorta y Martínez Melo, mientras viviese su hermano Don Luciano de la Vega, se destinase á una escuela, y que una vez ocurrido el falleci­ento de este, con el producto de la venta de la casa calle Victorica 1464 y 1468 y la mitad proindivisa que le correspondía en las casas calle Uruguay 338 de la ciudad de Buenos Aires, se construyera en ella el hospital mencionado.
La escuela y hospital debían llevar su nombre, y designándome, también su albacea, en atención a la antigua y sincera amistad que nos ligaba.
La escuela no se pudo instalar porque el Consejo de Educación renunció al legado. Mientras se liquidaba la testamentaria, Don Luciano de la Vega, formuló su testamento con el propósito de completar el legado de su hermano, pero precisando las bases en que debía llevarse a cabo, diciendo al respecto en la cláusula tercera: “Que habiendo su hermano Don Mariano de la Vega, donado la casa que poseía en Moreno, partido del mismo nombre, provincia de Buenos Aires haciendo esquina al Boulevard Alcorta y Martínez Melo, para que se construyera en el terreno que ocupa, un hospital de caridad, destinado al efecto el producto de la venta de la casa que poseía en la calle Victorica 1464 y 1467, y el de la mitad de las casas Uruguay 338, 346 y 348, era su voluntad que se emplease también en esa construcción, el producto de la casa que tenía en la calle Victorica números 1460 y 1462 y la mitad que le correspondía de la casa calle Uruguay mencionada.
En cuanto a los demás bienes que dejaba, salvo el legado que hacía al Convento de San Francisco, de diez mil pesos moneda nacional, se destinaría al sostenimiento del hospital, el que debía llevar también su nombre, vinculándose así también al de su hermano, con quien vivió siempre en la más perfecta armonía, habiéndolo determinado esto a secundar sus nobles propósitos.
Que era su voluntad, que su albacea, en cuyo carácter fui nombrado por las mismas razones de su hermano, corriese con todo lo concerniente a la construcción del hospital y la adquisición de los útiles y enseres que fueran necesarios para su funcionamiento, debiendo para todo ello asesorarme de una comisión científica, y una vez listo para darlo al servicio público, lo entregase a la Municipalidad del Partido, la que designaría anualmente, una comisión de tres vecinos afincados y de reconocida honorabilidad, para correr con la administración y percibo de la renta. Esta co­misión seria reglamentada por la Municipalidad, debiendo el presidente de esta, resolver todas las dificultades que se suscitaran, como proveer a las renuncias que se produjesen.
Iniciada la testamentaria de Don Luciano de la Vega, Doña Angela del Bueno y Doña Petrona Del Bueno de Gibelli que se decían ser sus parientes se presentaron promoviendo un juicio sobre la nulidad del testamento, por cuanto sostenían que el causante estaba loco cuando la otorgó. La indignación que esto me produjo no fue poca, no sólo como escribano autorizante de ese acto, sino por tratarse de una persona perfectamente equilibrada y de la que no había antecedente alguno que demostrase lo contrario, lo que me constaba ampliamente, por haber cultivado su amistad durante treinta años y resultaba de sus mismas disposiciones tomadas con un criterio elevado. Con tal motivo traté de preparar la defensa, encomendando ella al procurador Don Nicanor Cabot bajo la dirección del reputado jurista Doctor Angel  S. Pizarro, quien destruyó fácilmente la prueba falsa que se había preparado, al extremo de haber abandonado los actores la demanda, antes de finalizar el término probatorio. No obstante esto, el juicio siguió sus trámites hasta obtener la sentencia que dio por absuelta a la testamentaria, pero habiendo tenido que abonar, la suma de 13.348,40 pesos moneda nacional por gastos de abogado, procurador, sellos, etc. debido a que los demandantes eran insolventes.
La codicia de esa gente ha privado a los pobres de esa suma, pero la justicia se ha hecho, dejando el nombre de Don Luciano de la Vega, con el respeto y la consideración que gozaba, y entregados al desprecio, aquellos que querían apoderarse de su fortuna validos de los medios más reprobados.

Terminado el pleito, traté de cumplir las disposiciones relativas de la construcción del hospital, designando al efecto como asesores científicos a los reputados facultativos Doctores Julio Mendez y Nicolás Repetto, el primero como clínico y el segundo como cirujano, a fin de que procedieran previamente al estudio de la propiedad destinada con aquel objeto, por cuanto en mi opinión creía que no era apropiada, lo que así resultó como puede verse por el informe que al respecto dieron:
 Buenos Aires, julio 8 de 1906  Señor don Eusebio E. Jiménez, albacea de los señores Mariano y Luciano de la Vega. El terreno legado por el Señor Mariano de la Vega para construir el hospital de Moreno, está ubicado en
la esquina que forman las calles Alcorta y Martínez Melo, y consta de 27 (veinte y siete) metros de frente por 77
 (setenta y siete) metros de fondo; linda por el Norte con la calle Alcorta; por el Sur con una casa de vieja construcción: por el Este con la calle Martínez Melo, y por el Oeste con una estrecha faja de terreno provista de algunas construcciones de escasa importancia que lo separa de un edificio de cierta importancia. Su forma es de un rectángulo con el eje mayor dirigido de Norte a Sur.
La simple enunciación de las dimensiones y forma del terreno, demuestra que es completamente inadecuado para el objeto a que se le destina. La exigüidad de su superficie no permitirá dar a los jardines la amplitud necesaria y aleja desde ya la posibilidad de un futuro ensanche.
Por otra parte la vecindad de los edificios contiguos, contraría un precepto fundamental para este género de construcciones, desde que no hallándose el terreno completamente circundado por calles, será imposible asegurar aislamiento. Los dos inconvenientes que acabamos de apuntar, podrían subsanarse comprando el resto de la manzana en que está ubicado el terreno en cuestión, con lo cual se tendría un área suficiente y completamente circundada por calles. Pero a parte de que la adquisición de los terrenos restantes demandaría una erogación considerable por tratarse de terrenos centrales que sustentan edificios, uno de ellos importante y valioso, nos encontraríamos siempre con el serio inconveniente de su ubicación. Se trataría en efecto de una manzana de terreno situada sobre la vía férrea, a una cuadra de la estación del ferrocarril y sobre una de  las calles de mayor tráfico, donde al ruido permanente de las locomotoras y de los trenes, había de agregar en verano, las densas nubes de polvo que levantan las cabalgaduras y los vehículos.
Por todos estos hechos y ra­zones, consideramos que el terreno legado pon el Señor Mariano de la Vega, no reúne las condiciones de extensión y ubicación necesaria para construir el hospital que se proyecta.
Se impone la com­pra de un terreno con una superficie mínima de una hectárea, ubicado de tal manera, que su distancia de ocho a diez cuadras de la estación de ferrocarril, reúna las condiciones de altura, excentricidad, etc. necesaria para esa clase de establecimientos. Dada la topografía de la localidad que se caracteriza por la existencia de una ancha y profunda depresión del terreno, que se inicia a menos de dos cuadras al Sur de la vía férrea, convendría ubicar el hospital al norte de dicha vía, donde el terreno se eleva en pendiente suave y donde la protección contra los vientos es mayor, por la mayor abundancia de árboles.
Si bien es ciento que el viento Norte sopla con al­guna frecuencia en la región considerada, la población
de Moreno, nada tendría que temer si se construyese el hospital al Norte de la vía férrea Los hospitales modernos lejos de constituir focos de infección y pestilencia, como lo fueron otrora, se consideran y son en la actua­lidad establecimientos saludables, compatibles con las más estricta higiene urbana. Saludamos a V. muy atte.” Julio Mendez -  Nicolás Repetto.

Con motivo de este informe, solicité del Señor Juez de la testamentaria, se me autorizase para vender la casa destinada para el hospital y con el producto adquirir el terreno necesario en las condiciones indicadas por los facul­tativos, lo que me fue concedido. De acuerdo con este y previa consulta al entonces Intendente Don Eduardo Gnecco y algunos miembros del Concejo Deliberativo, procedí a la compra del que hoy ocupa el hospital, por la módica sama de $ 8.000 moneda nacional, teniendo la ventaja de estar en (lugar)  indicado por los asesores científicos, sobre la calle principal y a una distancia conveniente del centro. Además comprende una superficie de 31.668. metros cuadrados extensión más que suficiente para los jardines trazados y quinta, como para ensanche futuro, lo que he tenido en cuenta, dado el progreso del país, pues si bien Moreno no tiene todavía la importancia de las grandes poblaciones puede que en adelante la tenga y sea el hospital buscado, por su prestigio científico y comodidades.
En el deseo de cumplir mi misión del mejor modo posible y garantir los resultados futuros, designé al ingeniero Dr. Don Carlos María Morales, ex director de la oficina de Obras Públicas de la municipalidad de la Capital Federal, para que confeccionase los planos, no sólo por la competencia que lo distingue, sino por su reconocida honorabilidad.
Para armonizar ideas, se celebraron varias reuniones con los doctores Mendez y Repetto y el que suscribe, resultando de ellas la obra que hoy se inaugura, la que llena además de todas las necesidades para el servicio hospitalario, las exigencias de la higiene más adelantada, siendo por lo tanto el tercero de la provincia en este sentido.
Comprende dos hermosos pabellones de doce camas cada uno, con cuartos de pensionistas y enfermeros, verandas cubiertas de cristales para los convalecientes, baños y waterclos. La sala de cirugía, la administración, consultorio, farmacia, cocina, ropería y cuarto para el personal con todas las comodidades, caballeriza y cochera, cuartos de peones y jardineros, depósito fúnebre y un horno sistema Barker que incinera todos los residuos en el acto. El pozo semisurgente que va hasta la tercera napa, con un tanque de 50.000 litros, de donde envía el agua potable a todas las reparticiones y jardines. Las obras sanitarias que sirven a todo el establecimiento y convergen a un pozo séptico, donde las materias fecales se convierten en agua cristalina, que se eleva después por medio de una bomba al tanque hecho sobre él y la que sirve para el riego de la quinta, sin peligro alguno de contagios. 
Tanto estas obras como el pozo de agua potable se hicieron bajo la dirección de las Obras de Salubridad de la Capital de la República. La cocina envía también por medio de cañerías el agua caliente a los pabellones, sala de cirugía y lavaderos, pudiendo prestar además servicios para la alimentación de cuarenta personas. Por último, el alumbrado a gas acetileno, sistema ALFA, por cuanto la electricidad era sumamente cara, el que está distribuido con profusión y puede ser manejado fácilmente por la sencillez del gasómetro que lo produce.
Aprobados los planos por la Municipalidad en sesión de fecha 13 de diciembre de 1908, se llamó a licitación, la que no dio resultado, por cuanto el costo de la obra excedía a la suma destinada para ella. En vista de esto se resolvió por la comisión que se había formado por pedido mío, para entender en ella, compuesta por el Municipal Sr. Dionisio Prudent, el Sr. Ingeniero Doctor Morales y el que suscribe, contratar la construcción previas las supresiones que fuera preciso hacer, con los que habían hecho la propuesta más baja, que eran los Señores Pellizari y Arméllini, constructores conocidos y de responsabilidad, lo que aseguraba el éxito, como se ha confirmado después.
En consecuencia se convino hacer los dos pabellones de enfermedades comunes, el de operaciones, el de la administración y el de la cocina, suprimiéndose el de aislamiento. Después ha sido forzoso, construir los altos de la administración y las demás obras complementarias que están a la vista. Firmado el contrato correspondiente con intervención del representante de la Municipalidad, se procedió a colocar la piedra fundamental el 25 de Marzo de 1909.
A este acto concurrieron las autoridades, el señor Obispo de La Plata, doctor Francisco Alberti y el pueblo, labrándose en pergamino el acta que va enseguida :
“ En Moreno, a los veinte y cinco días del mes de Marzo de mil novecientos nueve, siendo las cuatro y media pasado meridiano, hallándose presentes el señor auxiliar de esta diócesis  doctor Francisco Alberti, el señor Intendente Benito Corbalán, y el señor Eusebio E. Jiménez, albacea de los señores Mariano y Luciano de la Vega, se procedió a colocar la piedra fundamental del hospital que los dos últimos han donado a esta comuna, y de cuya construcción se han encargado los señores Pellizari y Armellini, bajo la dirección del ingeniero Doctor Carlos María Morales, quien ha confeccionado los planos de acuerdo con la comisión científica, formada por los doctores en medicina Julio Mendez y Nicolás Repetto. Fueron padrinos de ceremonia el Sr. Intendente y la Señora María Rosa Pereira de Gnecco. Con lo que terminó el acto suscribiéndose la presente por todos los concurrentes y la que se coloca en un estuche dentro de la concavidad formada a la piedra, para que perdure el recuerdo de este día y el nombre de los benefactores que tan feliz idea tuvieron, al emplear su fortuna en una obra tan útil como necesaria.”

En aquel momento dije las siguientes palabras, que no quiero pasen olvidadas, porque en ellas hice resaltar la importancia del legado, la acción generosa de los donantes y mi profundo agradecimiento por la confianza que me habían dispensado, confiándome su ejecución:
“Señores: Queda colocada la piedra fundamental del hospital Mariano y Luciano de la Vega, bendecida por el distinguido prelado que nos honra con su presencia y contemplada por el pueblo que va a recoger sus importantes beneficios.
Dos hombres buenos, sin esos egoísmos tan comunes que traducen indiferencia y detienen todo progreso, ligados a esta localidad por vínculos sinceros, han querido legar su nombre a la posteridad: pero no en cosas vanas, que sólo sirven para justificar las debilidades humanas, sino en esto, que es un hermoso ejemplo de los sentimientos más levantados. La caridad que alivia dolores y trae al alma consuelos infinitos, la caridad que es también amor al prójimo, ejercida sin preferencias ni prejuicios, sin reproches ni compensaciones odiosas, alimentada sólo por el bien común, he ahí lo que significa esta obra, esta donación doblemente generosa, de hombres de corazón, la que impone a la vez grandes obligaciones, en el sentido de que todo el mundo debe cooperar a que ella conquiste el prestigio necesario, para que responda ampliamente a sus fines.
Por mi parte, como ejecutor de tan noble pensamiento he de poner todo mi empeño para que se termine a la brevedad posible. Yo también sentiré satisfacciones íntimas, porque habré llenado una misión honrosa, que deberé siempre a la confianza que me dispensaron esos dos amigos y de que han dado pruebas una vez más, al confiarme sus valioso intereses y especialmente la construcción de esta importante obra.”

La suma que iluporta el costo del hospital es de pesos 275.000 es decir, el terreno, los edificios, moblaje, instrumentos, etc. el que ha sido abonado en su totalidad con el producto de las fincas destinadas con ese objeto, las rentas de ellas y con parte de las propiedades realizadas últimamente.
Los bienes líquidos cuya renta servirá para atender a los gastos que origine su movimiento, los calculo en la suma de pesos 1.650.000 moneda nacional, quizá más, pues aún no se ha podido hacer la liquidación final, los que colocados al inte­rés de seis por ciento al año, darán 99.000 pesos ó sean 8.250 pesos mensuales, los que estoy seguro no se gastarán; de manera que, con las economías que se hagan, se podrán hacer otras comodidades a medida que las necesidades lo exijan, y muy especialmente el pabellón de infecciosos, el adoquinado de las cuatro calles que rodean el estableci­miento y las tres veredas que faltan, para que su higiene sea más completa.
Esa renta es debido á la oportunidad en que se han realizado las ventas de los bienes, lo que garante al esta­blecimiento una vida prospera y duradera.

Señor Intendente Municipal

Hecha esta exposición como fin de mi mandato y para conocimiento del vecindario de la comuna, os entrego listo para funcionar este hospital, que lleva el nombre de sus
donantes “Mariano y Luciano de la Vega”
Pocos son los pueblos de la Provincia que tienen la for­tuna de contar con un establecimiento de esta importancia, y en el que se hayan tenido en cuenta los adelantos más modernos; es que yo he tratado de cumplir lo que os pro­metí al colocar la piedra fundamental, para que el nombre de los Señores de la Vega, viva en el corazón del pueblo con el reconocimiento más profundo.
Solo os pido, que cuideis para siempre de que no se desvir­túe la idea y seais vos, como el pueblo mismo, los que de­fiendan su estabilidad, para que llene debidamente su alta y noble misión.
He dicho.

Imprenta de Atilio Tassi. Montevideo 877. Buenos Aires

Seguidores